26 mayo 2026

Rompiendo la mufa: Del batacazo norcoreano en Asia a la redención definitiva de Ewa Pajor

El fútbol femenino está pegando un estirón que ya no lo para nadie. La pelotita rodó este fin de semana y nos tiró por la cabeza dos historias de esas que quedan marcadas a fuego en la retina. Dos continentes distintos, la misma gloria en juego. Por un lado, vimos el poderío del ecosistema norcoreano dando el gran golpe en la mesa asiática; por el otro, fuimos testigos de la redención absoluta de una delantera en Europa que venía masticando la bronca de cinco finales perdidas.

El candado roto de Naegohyang

Allá en el Suwon Sports Complex de Corea del Sur, se jugaba la final de la AFC Women’s Champions League. Las cabras del Naegohyang Women’s FC le terminaron pintando la cara al Tokyo Verdy Beleza de Japón con un 1-0 apretadísimo. Y ojo, que el dato no es menor: es la primera vez que un equipo de mujeres de Corea del Norte se mete a pelear a este nivel continental, y con el triunfo sacaron pasajes directos a la FIFA Women’s Champions Cup 2027.

El partido partió más trabado que pelea de pulpos. Nadie quería regalar un centímetro, pero el cerrojo se rompió justo antes de irse a las duchas. En el minuto 44, Jong Kum le ganó el pique a Yuna Aoki, bajó un pelotazo largo desde el fondo como si tuviera un guante en el pie, pisó el área y se la dejó servida a Kim Kyong Yong para que la mandara a guardar.

A partir de esa pepa, las norcoreanas se adueñaron de la cancha. De hecho, casi liquidan la historia a los tres minutos del segundo tiempo con un cabezazo de la misma Kyong Yong, pero la portera nipona, Shu Ohba, reaccionó bien y contuvo en doble instancia.

La campaña no pasó piola para los de arriba. Shaikh Salman bin Ebrahim Al Khalifa, el mandamás de la AFC, andaba con babero y tiró puras flores al torneo. Con un récord de 25 clubes compitiendo en esta edición, el dirigente tiene claro que la Champions asiática es el motor de una transformación total.

“Su victoria es un testimonio del compromiso inquebrantable del club con la excelencia”, comentó Salman, destacando que ya van cuatro finalistas distintos en las primeras dos ediciones del torneo. “La mejora en los estándares y la participación récord son un reflejo de que estamos armando un ecosistema profesional de primer nivel y un legado que va a durar pa’ las próximas generaciones”.

La sexta es la vencida para Pajor

Cruzando el charco, la historia tenía otro tinte. Menos sobre abrir caminos continentales y más sobre sacarse una espina personal del porte de una catedral. Lo de Ewa Pajor en el FC Barcelona Femení es derechamente pa’ hacerle una película.

La polaca llevaba una década entera persiguiendo la orejona, acumulando puras frustraciones. El sábado 23 de mayo en Oslo jugó su sexta final europea, cargando con una mufa tremenda que la venía persiguiendo desde que jugaba en Alemania.

Hace diez años, cuando era una cabra de 19, miró desde la banca cómo el Olympique de Lyonnes le quitaba el título al Wolfsburgo por penales. Dos años después, sudó la gota gorda los 120 minutos contra las mismas francesas y volvieron a guatear en el alargue. El 2023 la cosa pintaba para final feliz: metió un gol a los tres minutos, se fueron 2-0 arriba al descanso contra el Barça, y de la nada las españolas les dieron vuelta la tortilla 3-2. Un balde de agua fría brutal.

Buscando cambiar la suerte, Pajor armó las maletas y se fue al mismísimo equipo catalán, que iba por el tricampeonato. Pero las cosas del fútbol son caprichosas. El 2025, llegando como amplias favoritas, tuvieron que mirar cómo el Arsenal les ganaba por la mínima, cortando una sequía inglesa de 18 años. Pajor seguía mirando la copa desde lejitos.

Pero el maleficio tenía fecha de vencimiento. En esta final de la temporada 25/26, otra vez frente a sus viejas conocidas del Lyonnes, la delantera por fin pudo mandar a los fantasmas a freír monos. Se mandó un doblete clave en el segundo tiempo que terminó pavimentando una goleada monumental de 4-0. Cuarta Champions pal Barcelona y la primera para ella.

“No tengo palabras pa’ este momento, solo siento gratitud”, soltó a los micrófonos de la UEFA, con la emoción a flor de piel. “Hicimos la pega en la cancha. Peleamos por todo, por el triunfo, y ahora somos el mejor equipo del mundo”.

Más allá de las estadísticas

En el camarín culé, la sensación era unánime: nadie estaba más feliz por Ewa que sus propios compañeros. Cata Coll, la heroína del arco que se mandó un par de atajadas vitales, reconoció que la polaca era la que más se merecía esta victoria por pura paciencia y aguante. El profe, Pere Romeu, tampoco se guardó nada en la conferencia de prensa.

“Estoy particularmente chocho y orgulloso de Pajor”, tiró el DT. “Es una jugadora clave para nosotros. Encarna el trabajo duro, el compañerismo y siempre pone al equipo por delante de ella. Si pudiera regalar goles en vez de hacerlos, te juro que lo haría. Es la columna vertebral de nuestro fútbol”.

Y eso que los números de la mina asustan: 11 goles se matriculó en esta campaña, coronándose como la máxima artillera de Europa. Ninguna otra jugadora mojó tanto la red. Pero fiel a lo que decía su técnico, a ella los números personales le daban exactamente lo mismo. El foco era levantar el trofeo y abrochar un año perfecto donde el Barça se embolsó cuatro títulos, ganando absolutamente todo lo que jugó.

Al final del día, las lágrimas y risas mezcladas en el pasto de Oslo resumían el desahogo de una década entera de tragos amargos. Como la misma Pajor reconoció, no fue fácil y la frustración casi le pasa la cuenta, pero nunca tiró la esponja. La historia de la mufa europea quedó enterrada. Desde ahora, su nombre ya no va asociado a las derrotas agónicas, sino a la gloria máxima. Ewa Pajor es, de una vez por todas, campeona de la Champions League.